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EXPOSICIÓN ACTUAL

Exposición bibliográfica





Presentación

Yosef Caro, Amsterdam, 1698

Cuando los árabes llegaron a la Península Ibérica a comienzos del siglo VIII (711 al 726) poco podían imaginar los judíos hispanos que su mundo daría un giro radical, que pasaría de la opresión al mayor grado de libertad que habían gozado desde hacía siglos.

En aquellos momentos éstos sufrían una situación de violencia extrema bajo el gobierno de los últimos reyes visigodos que los había situado en una difícil posición sin derechos y abocados a la conversión o al destierro. Con la llegada de los musulmanes pasaron de sufrir una violencia estructural sin límites a ser considerados dimmíes (tributarios) por lo que, como 'Gentes del Libro', consiguieron de los gobernantes musulmanes el reconocimiento de sus derechos de libertad de culto (el poder practicar libremente su religión), autonomía judicial (autorización de gobernarse con sus propias leyes), autonomía económica (podrían ejercer el oficio que quisiesen) y todo esto sin limitaciones de movimientos, haciendo la salvedad de respetar las leyes musulmanes en las relaciones con las gentes de la umma, no ofender al Profeta y no tener autoridad sobre musulmanes.

En esta situación los judíos hispanos se encontraron inmersos en un nuevo sistema cultural, el árabe. Es innegable que se produjo una suerte de violencia cultural que afectó, entre otros asuntos al uso de la lengua o al modo de vida, pero este conflicto inicial fue resulto de forma pacífica y creativa por los judíos que, sin marginar o postergar su propia cultura hebrea, supieron tomar los aspectos más positivos de la cultura árabe y crear una cultura híbrida judeo-árabe que daría lugar a uno de los periodos más próspero y creativos de la historia de judaísmo.

El interés que los árabes mostraban por un mayor conocimiento de su lengua santa –el árabe– en el universo judío se transformó en el desarrollo de los estudios gramaticales hebreos para mostrar la valía de sus propia Lengua Santa –el hebreo– y para lograr un mejor entendimiento del texto bíblico. Nunca antes en el mundo judío se había mostrado ese interés por adentrarse en los misterios de la lengua. El inicio de estos estudios en Babli –también bajo el influjo árabe– se extendió rápidamente a occidente creándose en Sefarad/Al-Ándalus las mejores y más avanzadas escuelas gramaticales hebreas: Córdoba, Lucena, Zaragoza... Del mismo modo trataron de explicar la existencia de Dios mediante lo que se podría denominar filosofía exegética, y siguiendo el modelo iniciado por los árabes se adentraron en el pensamiento clásico greco-latino que supieron adaptar magistralmente a sus necesidades ideológicas y teológicas gestando comentarios paradigmáticos a los textos sagrados, bíblicos y rabínicos.

Pero los judíos andalusíes no se limitaron a adoptar las bases ideológicas árabes para dar forma y explicar las propias, sino que harían suyas todas las manifestaciones artísticas árabes, desde la poesía hasta la narrativa. Primero tímidamente, después de forma decidida, cultivarán géneros profanos que sólo muy subliminalmente se podían encontrar en la Biblia. Adoptaron todo el sistema del ars poetica árabe: el metro cuantitativo, la monorrimia, los géneros, y así un largo etcétera. Esta nueva forma convivió con las antiguas fórmulas bíblicas y paytánicas, y poco a poco se fue infiltrando en el mundo sinagogal dando lugar a un universo nuevo en el que formas y géneros de origen secular y procedencia árabe dieron lugar a los más hermosos cantos e himnos en honor de Dios y del judaísmo.

Es verdad que este fenómeno no hubiera podido gestarse sino hubiera existido un ambiente de bienestar social y económico, donde las limitaciones que imponía la época y la condición de minoría no ensombreció una coexistencia enriquecedora y fructífera. Cuando el fanatismo hizo que las condiciones socio-económicas mudaran, los judíos andalusíes también tuvieron que mudar de lugar y condiciones: marcharon a otros reinos musulmanes y, preferentemente, a los reinos cristianos del norte peninsular donde ya no serían considerados 'Gentes del Libro' y tributarios, sino miembros del 'pueblo deicida', pero donde la opresión religiosa era menor. Con ellos llevaron esa cultura híbrida judeo-árabe que los había hecho únicos en el panorama cultural judío y que, al entrar en contacto con el universo cristiano, daría lugar a manifestaciones nunca expresadas en el judaísmo. Manifestaciones estas que no se habrían podido llevar a cabo sin esa conjunción cultural de las tres grandes religiones del Libro: judaísmo, cristianismo e islam.

Lugares y nombres se mezclan para recordarnos que otro mundo judío existió en Sefarad. Personajes como Ibn Gabirol –el Avicebrón cristiano–, Yehuda ha-Levi o Maimónides sobrevivieron a persecuciones y expulsiones, perdurando en el imaginario judío sefardí. Sus obras se editaron y tradujeron ya antes de que en el siglo XIX se re-descubriera el valor del pensamiento y la literatura hispano-judía navegando entre las olas del romanticismo, el nacionalismo y el racionalismo ilustrado centro-europeo heredados por el movimiento de la Wissenschaft des Judentums que en 1818 iniciara Leopold Zunz.

En la exposición Autores de Sefarad: La producción intelectual de los judíos españoles en la Edad Media, se presenta un repertorio con algunos de los autores más representativos del judaísmo de Sefarad, tanto del andalusí como del de los reinos cristianos del norte peninsular. Obras de gran significado como son las que muestran el inicio de los estudios gramaticales en Sefarad, en esta ocasión se presentan conjuntamente el Mahberet de Menahem ibn Saruc y las Tesubot (Respuestas) de su oponente Dunás ben Labrat. Ambas ediciones son de Filipowski, acompañadas de sendas traducciones al inglés y estudios de grandes investigadores como Dukes y Luzzatto (London/Edinburgh 1854-1855). Estos inicios gramaticales judeoandalusíes se completan con una edición parcial –la segunda parte– de la traducción castellana del Sefer hahaxua del gran gramático Yoná ibn Yanah, edición realizada en Córdoba en 1929. En el campo de los estudios filológicos se incluye el trabajo Moisés Kimchi y su obra Sekel Tob, Madrid 1920, Memoria doctoral presentada en la Universidad Central de Madrid por F. Javier de Ortueta y Murgoitio.

La exposición continúa con obras de uno de los grandes pensadores judíos de todos los tiempos Selomó ibn Gabirol. Los libros que se exponen son una muestra perfecta de la producción del poeta-filósofo: se encuentra el Séfer mibhar hapeninim, ese maravilloso compendio de sabiduría oriental, judía y, me atrevería a decir, popular, acrisolado por la mente del autor malagueño siguiendo la más pura tradición bíblica de Proverbios o Eclesiastés. Se trata de una temprana edición de 1546 realizada en Venecia. Acompañan a ésta la edición dos exponentes poéticos de diferente corte pero ambos ejemplos del buen hacer y de la popularidad de Ibn Gabirol, uno es el poema religioso-didáctico Azaharot (versificación de los preceptos judíos) y otro el gran himno para Yom Kipur Kéter Maljut (Corona Real). Los lugares de edición –Livorno 1837 y Porto 1927– muestran la popularidad y la gran difusión de la obra de Ibn Gabirol. Se completan los trabajos de este autor con la primera edición castellana de su tratado filosófico La fuente de la vida, realizada por Federico de Castro y Fernández en Madrid en 1900.

Otro filósofo judeoandalusí muy popular fue Bahyá ibn Pacuda del que hay tres ediciones de su tratado Torat Hobat halebabot (Los deberes de los corazones), realizadas en Viena 1854, Frankfurt a. M 1904/Leiden 1912 y Varsovia 1875, lo que confirma su difusión fuera de círculo sefardí. La edición de Viena es una traducción al alemán de Baumgarten, basada en la traducción al hebreo de Yehudá ibn Tibón. La publicación de Frankfurt /Leiden recoge los prolegómenos al tratado, seguido de la edición árabe del texto. La de Varsovia contiene una traducción al yidis.

Yehudá Hacohén, Madrid, 1881

Yehudá Haleví, otro de los grandes pensadores judeoandalusíes, está presente con su magna obra Cuzary con dos versiones del mismo, una latina editada en Basilea en 1660 y otra la de Madrid de 1910 que es una reedición de la traducción del converso portugués y dirigente de la comunidad hispano-portuguesa de Londres Jacob Abendana, Cuzary: Diálogo filosófico por Yehudá Ha-Leví (siglo XII) traducido del árabe al hebreo por Yehudá Abentibbon y del hebreo al castellano por R. Jacob Abendana publícalo don Adolfo Bonilla y San Martín. De su amplia producción poética se encuentra una versión castellana de Menéndez y Pelayo del Himno de la creación para Yom Kipur, editado en Palma en 1885.

Maimónides es el autor del que se exponen un mayor número de libros, siete en total, cuyas ediciones abarcan desde el siglo XVII al XX. Las más tempranas son las realizadas en Amsterdam 1642, De idolatría liber y las Tesubot Seelot de 1765 también de Amsterdam, mostrando la influencia del autor cordobés en la rejudeización de la comunidad de conversos de estos lares. Un poco más tardía es la veneciana de 1795 del Trattato rituale – morale – toscano del Maimonide, pero incluso la reedición de Lisboa de 1925 de la traducción castellana de Da Lei Divina de David Cohen de Lara es otra muestra de la gran influencia de Maimónides entre la Nação Portuguêsa. Inexorablemente aparecen tres ediciones de la Guía, obra cumbre de la producción maimonidiana. La traducción clásica francesa de Munk de 1856 y otra de New York de 1935.

El gran dirigente de las comunidades catalanas Nahmánides está presente con su Comentario al Pentateuco en una edición de 1839 realizada en Presburgo.

Tres obras del rab catalán Selomó ben Adret se exhiben en esta exposición. Los títulos, lugares y fechas de edición parecen indicar que pudieron ser publicadas para uso tanto de las comunidades sefardíes como askenasíes: de Bolonia en 1539 son la Tesubot seelot, el Séfer Torat habáyit haaruj sobre leyes religiosas domésticas publicado en Viena en 1811 cuando las imprentas sefardíes de esta ciudad estaban en pleno auge y el comentario a las doctrinas de Maimónides Tesubot Harasbá ha miyuhasot lehaRamban en Varsovia en 1883.

Del rabino asquenasí instalado en Toledo, Yaacob ben Aser, se expone la Segunda Columna o Fundamento de su magna obra Arbaa Turim, Tur Yoré deá im perús vehidusé con comentario de Yosef Caro, en una edición de Berlín de 1702. De este último se recogen dos versiones de su comentario bíblico, una de Amsterdam 1641 Sulhán aruj mitur Eben haézer y una versión en ladino publicada en Costandina/Estambul en 1749. De Sem Tob ibn Saprut encontramos el comentario a las leyendas talmúdicas Séfer Pardés rimonim al hagadot haTalmud en una edición temprana de Sabbioneta de 1554 y de Yishac Arama hay dos ediciones de su Séfer Hazut, Sabbioneta 1551 y Varsovia 1911.

El campo de la mística judía de Sefarad se encuentra representada con una edición del Zohar, Amsterdam 1805 y con el Séfer Menorat hamaor de Yishac Aboab que se presenta en esta exposición en dos versiones de lenguas judías, una en yidis (“Con copia en idioma asquenasí”) de 1790 y otra es la versión en ladino publicada por la imprenta del periódico El Telégrafo de Estambul/Constandina en 1893. Se completa este campo con el Séfer Dérej emuná de Meir ben Gabai, publicado en Padua en 1562, sobre las Sefirot.

La edición realizada en Ferrara, en 1556 en la famosa imprenta de Abraham Usque del Kebod Elohim de Yosef ibn Sem Tob donde el autor expone sus doctrinas filosófico-religiosas fruto de su reflexión ante las controversias judeo-cristianas de su época, el siglo XV, es otro de los ejemplares mostrado en la exposición.

La familia Abravanel está presente con obras de sus más representativos autores: Yishac Abrabanel y su comentario a Profetas Perús al Nebíim aharonim (Amsterdam, 1641) y de Yudá León Abrabanel, León Hebreo, con Dialoghi d'amore, Venecia, 1558.

Del médico y traductor catalán Jafudá Bonsenyor hay dos ediciones de su popular libro en catalán sobre sentencias morales, uno Sentències morals, per Jafuda, juheu de Barcelona (segle XIII), Barcelona y Llibre de paraules e dits de savis e filosofs: Los proverbis de Salomo, Lo llibre de Cato, Mallorca, ambos de 1889. También se encuentra una selección de los Proverbios morales de Sem Tob de Carrión.

Se han incorporado obras de carácter científico como los trabajos de Abraham bar Hiyá que está representado con dos ejemplares, uno su obra de exégesis mesiánica Meguil.lat hamegal.le (Libro revelador) y el Hibur haMesihá vehatisbóret (Tratado sobre medidas y cálculos) ambos en sus traducciones al catalán de Millás Vallicrosa.

La edición más antigua de cuantos libros se exponen es el tratado sobre el astrolabio De nativitatibus de Abraham ibn Ezrá, publicado en Venecia en 1484, unos años antes de la Expulsión de Sefarad. Se completa la producción de este autor con su poema sobre el ajedrez incluido en Délices royales ou le jeu des échecs son histoire, ses règles et sa valeur morale de Aben-Ezra et Aben Yé’hia, rabbins du xiie siècle; Traduction de l'hébreu par Léon Hollænderski.

Otras obras de índole científica son el trabajo de Jacob Corsuno, autor sevillano, el canon en catalán de las tablas astronómicas en cuya preparación final participó, el Tractat d'astrologia ó sciencia de les steles, compost baix orde del rey en Pere III lo Ceremoniós realizado por Pere Gilbert y Dalmau Planas. En la exposición se encuentra la edición de Barcelona 1890. Otra obra científica es la de Abraham Zacuto, en una edición de Ginebra de principios del siglo XX, Almanach perpetuum celestium motuum (radix 1473), Tabulae astronomicae / Raby Abraham Zacuti ...; Canons en espagnol traduction de Joseph Vizinho.— Reproduction fac-similé de l'exemplaire appartenant a la Bibliothèque d'Evora, Édition 1496 Leiria. También está presente la traducción al romance de Yehudá Hacohén (Yehudá Mosca) del Lapidario del Rey D. Alfonso X: Códice original en su primera edición, Madrid 1881.

Benjamín de Tudela, Leiden, 1633

Se recogen en la exposición cuatro versiones del popular Sefer masaot de Benjamín de Tudela, la más antigua es la realizada en Leiden en 1633, Itinerarium D. Beniaminis cum versione & notis / Constantini l'Empereur. Otras dos versiones fueron publicadas en Ámsterdam en 1698 y en 1734, esta última en traducción al francés de J. P. Baratier. También se encuentra la primera traducción al castellano realizada en 1918 por Ignacio González-Llubera.

Se exponen dos obras de narrativa hispano hebrea, la versión catalana de González-Llubera de la macama Séfer Saasuim (Llibre d'ensenyaments delectables, Sèfer Xaaixuïm) de Ibn Sabara y la temprana edición –1557 Mantova– del libro Ben hamélej vehanazir de Abraham ibn Hasday.

No faltan las significativas “crónicas de expulsión”, de las que hay dos ediciones de la fantástica obra de Selomó ibn Verga, la primera es la traducción española de Francisco Cantera Burgos, Chébet Jehuda (La vara de Judá) de Salomón ben Verga, publicada en Granada en 1927. La segunda es una de las varias versiones en ladino de esta obra historiográfica Séfer Sébet Yehudá, edición de Salónica de 1850. Las otras dos crónicas se presentan en una edición en la que bajo la autoría de Abraham Torrutiel se edita la obra de este autor y la de Yosef ibn Sadiq, El libro de la Cábala de Abraham ben Salomón de Torrutiel y un fragmento histórico de José ben Zaddic de Arévalo, con traducción española, prólogo y notas de Francisco Cantera Burgos.

Hay tres antologías poéticas, la más antigua es el Treasures of Oxford: Poetical Compositions by the Ancient Jewish Aauthors in Spain, and compiled from Manuscripts in the Bodleian Library, Oxford Part I/ de H. Edelman and Leopold Dukes; edited and rendered into English by M. H. Bresslau, London, 1851. Una segunda edición en yidis publicada en New York, 1931. La tercera es la antología al castellano La poesía sagrada hebraicoespañola de José Mª Millás Vallicrosa, Madrid, 1940.

Otras obras que completan la exposición son la edición de San Sebastián 1928 de La Biblia de la Casa de Alba, excerpta El Libro de Rut, con texto y glosas del Rabí Mosé Arragel de Guadalajara (1422-1433?) y Las Coplas de Yoçef: A Medieval Spanish Poem in Hebrew Characters, edición de González Llubera, Cambridge, 1935.

Esta es una completa muestra del rico judaísmo hispano antes y después de la expulsión de 1492, pues permite comprobar cómo los autores hispano-judíos perduraron en el judaísmo posterior. Así mismo se puede observar la riqueza lingüística de nuestros autores que redactaron sus obras fundamentalmente en hebreo, pero también en árabe, en arameo y en otras lenguas romances peninsulares como el catalán o el castellano. Muchas de estas obras fueron traducidas a otras lenguas judías como el ladino / judeoespañol o el yidis, evidenciando la permanencia de la cultura judía producida en Sefarad en los más dispares lugares y ámbitos del mundo judío.

María-José Cano
Catedrática de la Universidad de Granada