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Las tres últimas

100 impresos españoles sobre la Inquisición - Instrucciones, edictos, cédulas, relaciones de autos de fe & otros - Abril 2018
100 impresos españoles sobre la Inquisición - Instrucciones, edictos, cédulas, relaciones de autos de fe & otros - Abril 2018

En esta séptima exposición organizada por Bibliotheca Sefarad se muestra una amplia selección de impresos (ciento ocho) relacionados con la Inquisición publicados en España.

La Inquisición española con sus tres siglos y medio de existencia es, sin lugar a duda, una de las instituciones que más ha influido en la historia, el pensamiento, la ciencia, la cultura y la mentalidad de los españoles. Establecida por los Reyes Católicos, y sancionada por el papa Sixto IV en 1478, fue un tribunal dependiente de la monarquía española y al servicio de esta, creado para perseguir a los judeoconversos acusados de judaizar. Con el tiempo, el Santo Oficio fue incorporando “herejías” (moriscos islamizantes, alumbrados, protestantes, …) y “delitos” (brujería, bigamia, sodomía, …) a su ámbito de actuación, además de juzgar en sus tribunales infinidad de causas civiles y penales y de ocuparse de la prohibición, censura y expurgo de los libros. Sin embargo, las condenas más severas (hoguera, cadena perpetua, etc.) recayeron principalmente en los judaizantes, siendo la confiscación de sus bienes automática, con independencia de la gravedad del delito y de las otras penas que se les impusieran. A lo largo de los siglos fueron decenas de miles las personas procesadas por judaísmo y otras causas de fe.

Esta implacable, contumaz y prolongada persecución de los judeoconversos en España y Portugal produjo desde el siglo xv hasta las primeras décadas del siglo XVIII un éxodo continuado de conversos que huían de las hogueras inquisitoriales con rumbo a otros países, en particular Holanda, Italia y Francia, donde la mayoría retornaba al judaísmo de forma pública. Estos judíos nuevos fundaron, entre otras, las importantes comunidades sefardíes de Ámsterdam, Hamburgo, Ruan, Bayona y, posteriormente, las de Londres, Nueva York y varias del Caribe.

Con frecuencia se señala que el Santo Oficio se regía por unas instrucciones y normas procesales destinadas a regular la forma de actuar de los inquisidores y sus funcionarios en todas las etapas del proceso contra un reo desde su detención. Era además una institución enormemente burocratizada, en la que todas sus actuaciones, ya fueran organizativas (normas, edictos, nombramientos de inquisidores, funcionarios, familiares, etc.) o procesales quedaban registradas por escrito, negro sobre blanco. Aunque todo ello parece conferirle al santo tribunal un barniz de legitimidad, lo cierto es que las víctimas potenciales y los procesados se hallaban en una situación de profunda indefensión. No llegaban a saber ni quién les había delatado ni de qué se les acusaba: desde la delación o detención del reo toda la causa era secreta, salvo… Salvo el espectáculo destinado al escarnio público de las víctimas de la Inquisición: los autos públicos de fe. Estigmatizar a los condenados no era suficiente: sus sambenitos eran colgados en las iglesias y las catedrales para proyectar la infamia de los condenados sobre sus parientes y descendientes durante generaciones.

La Inquisición, por su modo de proceder, fue un tribunal que sembró el terror en la sociedad española durante siglos. Destacó por la singular crueldad de sus penas en las causas de fe so pretexto de salvar almas, destruyendo vidas y apropiándose de los bienes de las víctimas. Hizo gala de una buena dosis de cinismo pues, aunque era quien dictaba todas las sentencias de los condenados, para la ejecución de las penas, en particular las de muerte, fuera por garrote o en las llamas de la hoguera, hacía entrega del reo al poder civil para que le diera cumplimiento, algo de muy escasa coherencia moral.

Como todo sistema totalitario y opaco, la Inquisición generó en torno a sí un lenguaje orwelliano, entre cuyos términos pueden destacarse dos: familiar (delator o soplón) y relajado (referido al reo entregado a la jurisdicción ordinaria para que se le aplique la sentencia de muerte por garrote u hoguera dictada por los propios tribunales del Santo Oficio).

Dos instituciones, los Estatutos de Limpieza de Sangre y la Inquisición, fueron determinantes en la forja de una sociedad en la cual las acciones y los méritos del individuo, en cualquier esfera de la vida, quedaban limitados, supeditados a su linaje y a la limpieza de su sangre. El trabajo y la actividad económica manchaban, eran propios de los cristianos nuevos. Hasta la instauración de estas dos instituciones, la mancha de ser judío (o musulmán) se lavaba con el agua del bautismo. Después, daba casi igual que fueran buenos o malos cristianos; la marginación de los conversos y sus descendientes no tuvo que ver con sus creencias, sino con su linaje. Siglos antes de las teorías pseudocientíficas de finales del siglo XIX sobre la desigualdad de las razas (luego adoptadas por el nazismo), la sociedad española quedó estratificada en dos castas: la una limpia, la de los cristianos viejos; la otra manchada, la de los cristianos nuevos.

No está de más recordar que la inquisición sólo tenía jurisdicción sobre los cristianos, es decir, sobre quienes habían sido bautizados. Por lo tanto, no podía procesar a ningún judío (o musulmán) que no hubiera sido bautizado. Con frecuencia se afirma que la Inquisición persiguió a judíos y moros, lo cual, en sentido estricto, es falso ya que quedaban fueran de su jurisdicción. Aunque hubo casos de procesos contra judíos y moros, estos fueron la excepción.

Si bien de jure la Inquisición tenía claramente delimitadas sus competencias, desde sus primeros tiempos y hasta su extinción, los tribunales inquisitoriales se ocuparon, de hecho, de infinidad de casos pertenecientes al ámbito civil, provocando constantes choques con la Corona y otros estamentos por cuestiones jurisdiccionales. Algo que se producía con mayor frecuencia cuando en un pleito civil o criminal una de las partes era funcionario o familiar de la Inquisición. La capacidad de amedrentar y atemorizar de la Inquisición no solo afectaba a los potenciales encausados por delitos de fe, sino a cualquiera que tuviera algún tipo de litigio con la propia institución o con persona vinculada a ella.

La Inquisición española actúo, claro, en todos los dominios de la Corona, desde Méjico a Chile, y desde Filipinas a Sicilia. El Santo Oficio fue abolido definitivamente en 1834 en tiempos de la regencia de María Cristina, tras haber sido suprimida y restablecida en varias ocasiones entre 1808 y 1823. La implantación de la Inquisición en Portugal, establecida en 1536, fue una imposición de la monarquía española y, en su modo de actuar, muy similar al de la hispana e igualmente independiente de Roma; hasta su extinción definitiva en 1821 estuvo activa en Portugal y en todos sus territorios de ultramar.

La exposición 100 impresos españoles sobre la Inquisición … incluye una gran parte de las hojas sueltas, carteles, formularios, pliegos, folletos y otros impresos breves publicados en España con anterioridad a la extinción definitiva del santo tribunal relacionados con el Santo Oficio que se encuentran en Bibliotheca Sefarad; con alguna excepción, las publicaciones seleccionadas tienen menos de cuarenta y ocho páginas.

Debido a su carácter efímero, su corta tirada, antigüedad y formato, de la mayoría de las piezas expuestas se han conservado muy pocos ejemplares. De varias de ellas no se han localizado otros ejemplares en bibliotecas públicas, y/o no están en Palau1 o Vekene2.

Sobre la producción bibliográfica española tocante a la Inquisición anterior al siglo XIX, lo primero que hay que señalar es que, precisamente por el secreto en que se desarrollaban sus actividades (sobre todo las causas de fe) y el control que ejercía sobre todo lo que se decía y escribía, y más aún si cabe sobre aquello que le concernía de forma directa, son muy escasos los títulos que se ocupan de ella. Con la Inquisición, chitón. Esto es cierto tanto para los estudios como para obras de creación literaria. Solo unos pocos temas relacionados con procesos inquisitoriales como el del Santo Niño de la Guardia, el del sacrilegio del Cristo de la calle de las Infantas de Madrid, el de las monjas del convento de San Plácido de Madrid y algunos otros originaron una cierta proliferación de libros y folletos. Por lo demás, casi todo lo publicado, excepto las relaciones de autos de fe, eran los manuales, instrucciones, autos, edictos, índices de libros prohibidos y otros documentos del propio Santo Oficio; cédulas u otros documentos reales limitando sus derechos o poniendo coto a sus injerencias en causas civiles y criminales que no le correspondían; así como un destacado número de alegaciones jurídicas de alguna de las partes en pleitos por causas de derecho común en manos de los tribunales inquisitoriales.

Muchos de estos impresos se produjeron en tiradas cortas destinadas a un grupo más o menos limitado de lectores pues su difusión estaba restringida a los inquisidores y funcionarios inquisitoriales de un determinado distrito o tribunal, miembros de alguna de las reales audiencias, etc. De los numerosos edictos inquisitoriales enviados a la imprenta con el fin de ser adheridos en muros y puertas de iglesias y conventos, que posiblemente tendrían tiradas de cierta importancia, por el propio uso al que estaban destinados, solo de parte de los aparecidos se conservan ejemplares.

Un porcentaje considerable de los papeles y folletos impresos en España relacionados con la Inquisición son alegaciones, cédulas reales y otros textos y documentos motivados por conflictos jurisdiccionales o abusos de los tribunales, inquisidores, comisarios, familiares, etc. del Santo Oficio. En la presente exposición puede verse un buen número de ellos.

Otro tipo bastante popular de opúsculos inquisitoriales fueron las llamadas genéricamente Relaciones de autos de fe publicadas bien por la propia institución o con permiso de ella, aunque también hay algunas que vieron la luz sin su autorización y, claro, posteriormente prohibidas. En total se conocen un centenar largo de relaciones de autos de fe impresas en España; en cada una de ellas se da noticia de uno o varios autos de fe celebrados en España, sus posesiones en América o Portugal. Por supuesto, no de todos los autos de fe hubo una relación impresa. La más antigua de la que tenemos noticia es la dedicada al auto de fe de Logroño de 1611 y las más tardías son de la segunda mitad del siglo XVIII; un porcentaje muy considerable de las mismas vieron la luz en dos periodos bien definidos: 1623-1683 y 1720-1761, casi todas publicadas en Madrid, Cuenca, Toledo, Córdoba, Valladolid, Granada, Sevilla, Murcia y Lima. En la presente exposición se exhiben más de cuarenta ejemplares diferentes.

La mayoría de estas publicaciones contaban con entre cuatro y veinticuatro páginas, aunque también hubo algunas, pocas, mucho más extensas como la Relación histórica del auto general de fe, que se celebró en Madrid este año de 1680 de Joseph del Olmo (Madrid, 1680; reed. 1820 y posteriores); La fee triunfante en quatro autos celebrados en Mallorca por el Santo Oficio de la Inquisición de Francisco Garau (Palma de Mallorca, 1691; reed. 1755 y posteriores), o algunas de las publicadas en Lima.

La publicación de estas relaciones respondía al deseo del Santo Oficio de aprovechar propagandísticamente la celebración de autos de fe y las sucesivas campañas de implacable persecución de judeoconversos. La tardía, cruzada contra los judaizantes de 1720-1732, debidamente publicitada, servía además para exhibir su fuerza y justificar la necesidad del Santo Oficio para erradicar los restos de judaísmo en España.

En cuanto a la forma de contar el auto de fe, los hubo de varios tipos: una mera relación con los nombres de los reos que salieron al auto de fe, su lugar de procedencia, oficio, etc., así como sus “delitos” y la condena recibida; en otros, el relato se presentaba en forma de poema o romance y, en estos, era frecuente dedicar parte del contenido a loar a la Inquisición y a las autoridades asistentes, describir el tablado y el resto de la puesta en escena; los hay más o menos descriptivos pero también los que van cargados de insultos hacia los condenados, en particular a los judaizantes.

Por supuesto nada (o muy poco) se publicó contra el santo tribunal, su forma de proceder, etc. Sí hubo, aunque no era un tema privativo de la Inquisición, algunas obras y escritos contra los Estatutos de Limpieza de Sangre. Las cosas cambiaron tras los primeros intentos de supresión de la Inquisición, en 1808 por Napoleón y en 1813 por las Cortes de Cádiz, que resultaron temporales: quedó abierto el debate sobre la Inquisición y sobre la conveniencia de abolirla o no, su actuación, etc. En esas primeras décadas se publicaron multitud de libros, folletos, panfletos y artículos en los periódicos, a favor y en contra, de un tribunal que durante más de tres siglos había sido omnipresente. En la exposición pueden verse algunos de estos folletos publicados en su mayoría con posterioridad a su abolición por las Cortes de Cádiz.

No se han incluido en la presente exposición los impresos sobre los chuetas y la Inquisición en Mallorca, que serán objeto de una próxima exposición.

Bibliotheca Sefarad cuenta con una rica colección de documentos, manuscritos, folletos y libros, antiguos y modernos, relativos a la Inquisición, principalmente a la española., algunos se exhibieron en la exposición De historia y modo de procesar de la Inquisición, siglos XVI-XIX (2014) y también fueron varios los incluidos en la Contra judíos: Libros antijudíos en una España sin judíos (2015) y en Seis siglos de judaica: Un recorrido por Bibliotheca Sefarad (2012).

Para su exhibición y catalogación, las obras se han clasificado como sigue:

  • A. Instrucciones, edictos y otros documentos inquisitoriales.
  • B. Cédulas, órdenes y otras disposiciones reales, civiles y eclesiásticas.
  • C. Relaciones, poemas y sermones de autos de fe.
  • D. Alegaciones en derecho y otros papeles de particulares.
  • E. Debate en torno a la abolición.
  • F. Varia.

Dentro de cada grupo se han ordenado por orden cronológico.

La totalidad de las obras expuestas están digitalizadas y son accesibles para su consulta en www.bibliothecasefarad.com.

Uriel Macías
Coordinador de la Exposición

1 Antonio PALAU y DULCET: Manual del librero hispanoamericano: Bibliografía general española e hispano-americana desde la invención de la imprenta hasta nuestros tiempos, con el valor comercial de los impresos descritos (Barcelona: 1948-1977; 28 vols.).
2 Emil van der VEKENE: Bibliotheca bibliographica historiae sanctae inquisitionis: Bibliographisches Verzeichnis des gedruckten Schrifttums zur Geschichte und Literatur der Inquisition (Vaduz: 1982-1992; 3 vols.).

Autores de Sefarad - La producción intelectual de los judíos españoles en la Edad Media - Abril 2017
Autores de Sefarad - La producción intelectual de los judíos españoles en la Edad Media - Abril 2017

Esta sexta exposición organizada por Bibliotheca Sefarad está dedicada a las obras escritas por los judíos españoles durante la Edad Media.

Como es bien sabido, durante 1.500 años los judíos vivieron en Sefarad, tanto en los reinos cristianos como en los musulmanes, escribiéndose en estas tierras algunos de los principales capítulos de la historia judía. Una historia de luces y sombras. Las persecuciones, las calumnias, la inquisición y la expulsión, a pesar de su trágica trascendencia, no deben eclipsar los logros de los fecundos episodios históricos y culturales del pasado hispanojudío.

Durante largos periodos de esta dilatada historia, los judíos formaron importantes y florecientes comunidades en cuyo seno nacieron o vivieron algunas de las más destacadas personalidades judías de todos los tiempos: Hasday ibn Saprut, Salomón ibn Gabirol, Yehudá Haleví, Abraham ibn Ezrá, Maimónides, Nahmánides, Sem Tob de Carrión, Abraham Zacut y otros muchos personajes públicos, literatos, filósofos y científicos. La historia y la cultura españolas no pueden entenderse sin tener presente la contribución judía, y el mundo y el legado judíos de hoy no serían los mismos sin la extraordinaria contribución que en todas las ramas del saber y el pensamiento humano hicieron los judíos de Sefarad. El rabino Moisés Arragel, en las páginas preliminares de su traducción de la Biblia al castellano, conocida como Biblia de Alba, plenamente consciente de la excelencia cultural e intelectual alcanzada por los sabios judíos de Sefarad, plasmada en sus obras científicas y humanísticas, ya fueran de carácter profano o religioso, decía:

Esta preheminencia ovieron los reyes e señores de Castilla, que los sus judíos súbditos, memorando la magnificiencia de los sus señores, fueron los más sabios, los más honrados judíos que quantos fueron en todos los regnos de su transmigración, en quatro preheminencias: en linaje, en riqueza, en bondades, en sçiençia […] E los reyes e señores de Castilla siempre fallaron que todo o lo más que oy los judíos auemos de glosa ssobre la ley e en las sus leyes e derechos e otras sçiençias fue fallado conpuesto por los sabios judíos de Castilla, e por su doctrina oy sson regidos los judíos en todos los reynos de la su trasmigraçion. […] en Castilla ser solíamos corona e diadema de toda la ebrea trasmigaçión, en fijosdalgo, riqueza, sçiençia, libertad […].

Mucho se ha hablado, escrito y discutido, con mayor o menor rigor, sobre la importancia de los judíos medievales de la Península Ibérica en relación con el comercio, las finanzas, la administración pública, etc., y el debate subsiguiente sobre el daño que para España supuso su expulsión en 1492, planteado con frecuencia en términos estrictamente económicos, políticos o incluso morales. Sin embargo, y sin poner en cuestión su importancia en los ámbitos señalados, donde realmente se produce una contribución inigualable de los judíos de Sefarad es en el ámbito del saber. Es triste, por no decir lamentable, el desconocimiento general existente en la sociedad española de ese inmenso legado cultural, científico, literario y filosófico. Un patrimonio intelectual del que no sólo el pueblo judío puede y debe vanagloriarse, sino también los españoles. El historiador español Américo Castro, consciente de lo singular y fértil de la simbiosis histórica y cultural de judíos y españoles, apunta las consecuencias que para España tuvo la expulsión:

Nos falta algo, en verdad, desde que se marcharon los judíos; algo que no hemos sustituido por nada equivalente […] No sólo nos faltó el dinero; por esa razón crematística quiso revocar el conde-duque de Olivares el edicto de expulsión al observar que España y él estaban con el agua al cuello […] Con los judíos se fue el espíritu internacionalista, de cultura amplia y sutil. [De la España que aún no conocía (México, 1972), t. III, p. 209].

Los expulsados de España, que llevaban consigo la espléndida herencia cultural, social y económica fueron muy bien acogidos por el sultán Bayaceto II (1481-1512), quien gustoso les abrió las puertas del Imperio Otomano; el sultán resumió en una frase tan incuestionable como lapidaria la valía de estos exiliados:

Yo no sé cómo los reyes de España son tan sabios, pues tenían tales esclavos como estos judíos, y los echaron de ella. [Citada por Gonzalo de Illescas en su Historia Pontifical (1606)].

La lengua más utilizada en Sefarad por los autores judíos fue el hebreo. También fueron muchos quienes escribieron todas o parte de sus obras en árabe, la mayoría de las cuales se difundieron a través de sus traducciones al hebreo, destacando en su labor traductora miembros de varias generaciones de las familias Ibn Tibón y Quimhí, oriundas de Al-Ándalus pero radicadas en diferentes ciudades de Languedoc-Rosellón y Provenza, en Francia. Por supuesto, aunque en menor medida, parte de las obras fueron escritas en lenguas romances, principalmente en castellano, y algunas en catalán. No puede dejarse de señalarse que la jarcha en romance más antigua de autor conocido saliera de la pluma del judío tudelano Yehudá Haleví.

Los autores judíos destacaron en muy diversos ámbitos: poesía secular y religiosa, narrativa, literatura sapiencial, filosofía, exégesis bíblica, estudios talmúdicos, codificaciones de la Ley judía, apologética y controversia religiosa; en el campo de la ciencia en medicina, astronomía, astrología, cartografía; así como en sus estudios de filología hebrea (gramaticales y lexicológicos).

A la hora de estudiar y valorar la aportación de los judíos a la cultura española, y europea en general, además de las obras escritas por ellos mismos hay que tener presente la importancia que tuvo su labor de transmisión de la ciencia y la filosofía de obras griegas, judías, musulmanas y orientales escritas o conservadas en árabe en Al-Ándalus.

Desde la época de Menahem ben Saruc, el más antiguo de los autores judíos españoles de relevancia del que tenemos noticia, hasta la de Yosef Caro, nacido cuatro años antes de la expulsión, nos han llegado obras de más de doscientos autores diferentes; de algunos, apenas ciertos poemas, mientras que de otros, en particular de varios de los más importantes, nos ha llegado una producción mucho más extensa. Se cuentan por cientos los títulos publicados a lo largo de los siglos; algunos sólo en primera y única edición, pero otros muchos han salido de las prensas en decenas (e incluso en cientos) de ocasiones; de muchos sólo disponemos de ediciones en hebreo, pero también son muy numerosos aquellos de los que existen traducciones (antiguas o modernas) a diferentes lenguas (judeoespañol, yidis, español, inglés, alemán, francés, latín, etc.) o ediciones científicas. Y los hay, claro está, todavía inéditos. Un número considerable de poemas escritos en Sefarad son parte de la liturgia judía y están incorporados a diferentes tipos de oracionales; algo parecido cabe decir de algunos de los comentarios bíblicos, que aparecen en innumerables ediciones acompañando el texto hebreo de la Biblia.

En cuanto a la exposición Autores de Sefarad: La producción intelectual de los judíos españoles en la Edad Media, con carácter general, puede decirse que se ha incluido la práctica totalidad de los libros escritos por judíos españoles medievales conservados en Bibliotheca Sefarad con más de un siglo de antigüedad. La Bibliotheca alberga, además, una muy extensa colección de ediciones publicadas en los últimos cien años, de las cuales se ha hecho una pequeña selección, principalmente de obras editadas en España o por españoles con anterioridad a 1950, con la intención de dar a conocer las primeras ediciones/traducciones, realizadas en su mayoría por hebraístas españoles, destinadas al público de habla hispana.

La exposición incluye ediciones de las obras en sus correspondientes lenguas originales (hebreo, árabe, arameo, español, catalán e italiano) así como traducciones a diversas lenguas (hebreo, yidis, judeoespañol, latín, español, francés, inglés, alemán, catalán, italiano y portugués), algunas acompañadas de estudios. Entre las expuestas hay algunas piezas de singular rareza, entre cuales cabe destacar el incunable latino de Abraham ibn Ezrá y los varios impresos del siglo XVI.

En anteriores exposiciones de Bibliotheca Sefarad se exhibieron otros varios libros de autores judíos de Sefarad que hubieran podido tener cabida en esta muestra: De astrología … = Iguéret … mi-guezerot ha-cojabim … la-yehudé Marsella … de Maimónides, Physica hebraea … = Rúah ha-hen … de Yehudá ibn Saúl ibn Tibón (ambos de Colonia, 1555); Séfer Or Adonay … de Hasday Crescas (Ferrara, 1555), Séfer Hobat halebabot, libro llamado en ladino Obligación de los corazones … de Bahyá ibn Pacudá (Venecia, 1713), y la Biblia de Alba (Madrid, 1920-1922) en “Seis siglos de judaica: Un recorrido por Bibliotheca Sefarad”; La vara de Judá de Salomón ibn Verga (Ámsterdam, 1744), en “Historia en Sefarad: Los judíos españoles en la edad media”; y Cuzary, Libro de grande sciencia y mucha doctrina ... de Yehudá Haleví (Ámsterdam, 1663), en “Ediciones en español de los sefardíes de Ámsterdam”.

Para su exhibición y catalogación, las obras se presentan agrupadas por sus respectivos autores. Y estos, en la medida de lo posible, ordenados cronológicamente. Las descripciones catalográficas propiamente dichas de los libros expuestos van precedidas de una breve biografía del autor.

Para un mejor conocimiento de las obras expuestas, algunas han sido completamente digitalizadas y son accesibles para su consulta en www.bibliothecasefarad.com.

Uriel Macías
Coordinador de la Exposición

Contra judíos. Libros antijudíos en una España sin judíos. - Abril 2016
Contra judíos. Libros antijudíos en una España sin judíos. - Abril 2016

Esta quinta exposición organizada por Bibliotheca Sefarad es una amplia selección de libros antijudíos españoles publicados (casi) todos ellos en el período en el cual ni vivían ni podían vivir judíos en España.

Lo singular del antisemitismo –y esto no es una particularidad del español– es que es una de esas fobias que no requiere de la presencia del destinatario del odio, y que es absolutamente refractaria a la verdad y a los hechos. Durante siglos es capaz de perpetuar mentiras y calumnias que ya han sido refutadas y desenmascaradas, no ya por los propios judíos, sino por buenos cristianos.

En España, tras la expulsión de los judíos en 1492, los conversos (los judíos convertidos a la fuerza o como consecuencia de alguno de los decretos de expulsión, y sus descendientes) fueron segregados a través de los estatutos de limpieza de sangre, vigilados y perseguidos por la Inquisición, sospechosos de judaizar, vistos y tratados por la sociedad mayoritaria como judíos (sin serlo), pasando a ser los nuevos destinatarios de los prejuicios antijudíos. De hecho, y no sólo en lo que se refiere a la literatura antijudía, los judeoconversos eran denominados indistintamente conversos, judaizantes, hebreos o judíos, con independencia de que judaizaran o no.

La mayoría de estas obras no son sin más, como con frecuencia las han tratado estudiosos y bibliógrafos, apologéticas o de controversia religiosa, sino literatura antijudía. Ni los contenidos ni las intenciones de la mayoría de las producidas en este período tienen que ver con la apologética, la actividad misionera o con la voluntad de salvar almas. Las doctrinas y enseñanzas antijudías de la Iglesia comienzan casi desde el mismo momento del inicio de la expansión del cristianismo en la edad antigua. La enseñanza del desprecio y la incitación al odio desde los púlpitos, y las leyes conciliares contra los judíos, influyen de forma determinante en las leyes discriminatorias, conversiones forzosas, persecuciones, expulsiones y matanzas en los reinos cristianos. En lo que hoy denominamos mundo occidental, hasta más o menos mediados del siglo XIX, la judeofobia se basaba casi por completo en la religión. A este sustrato se irán incorporando en la edad contemporánea nuevos elementos más acordes con una sociedad que se iba distanciando de la religión en un contexto de progresiva separación entre iglesia y estado: científicos (los judíos como raza inferior), económicos (los judíos dominan la banca, el cine, el comercio, …), políticos (conspiración judía para controlar el mundo, el capitalismo, el comunismo y el universalismo son invenciones judías para destruir los cimientos de la sociedad, el estado de Israel como origen de todos los males), etc.

Los tratados antijudíos españoles fueron incorporando desde el siglo XV a los tradicionales argumentos de raíz religiosa, las calumnias basadas en las acusaciones de crímenes rituales y profanaciones, y desde el XVI, la mayoría de las obras incorporan planteamientos raciales (los conversos, con independencia de que judaícen o no, son judíos) y políticos (judíos/judeoconversos conspiran contra España, los cristianos, etc.).

Los libros aquí expuestos conforman una muestra significativa y representativa de los centenares de obras, opúsculos y folletos de carácter antijudío publicados en España con anterioridad a 1834. Se han incluido libros antijudíos propiamente dichos. Es decir, aquellos que tienen como tema central atacar al judaísmo y a los judíos (en ocasiones en compañía de musulmanes, luteranos u otros herejes). Por supuesto, las doctrinas, leyendas, acusaciones, prejuicios y calumnias contra los judíos están presentes, también, en infinidad de obras de los temas y géneros más variados. Los libros de vidas de santos solían incluir las de San Dominguito del Val y la del Santo Niño de La Guardia; los manuales de religión cristiana, llevaban con frecuencia algún apartado dedicado a las ceremonias y ritos judíos, presentados de forma denigratoria; la narración de la vida y muerte de Jesús, invariablemente iba asociada a la acusación de deicidio; etc. En la literatura española, desde sus mismos orígenes, estuvieron presentes los tópicos, leyendas y calumnias antijudías; por mencionar algunos títulos, autores o géneros: Cantar de mío Cid, Los milagros de Nuestra de Señora de Berceo, Las Cantigas de Alfonso X; en los cancioneros, pliegos de cordel y autos sacramentales; y en las obras de algunos de los más destacados autores de nuestro siglo áureo como Lope de Vega, Quevedo o Calderón de la Barca.

Bibliotheca Sefarad cuenta entre sus fondos con una amplia colección de libros antijudíos (y antisemitas) que incluye manuscritos, documentos, libros, publicaciones periódicas y folletos, pliegos de cordel, hojas sueltas, cómics, desde la edad media hasta nuestros días, en su mayoría publicados en España y Portugal: obras religiosas apologéticas, litúrgicas, literarias, ensayos y panfletos políticos, en latín, español, portugués y otras lenguas, originales y traducidas, etc.

De entre esta extensa colección, se han seleccionado aquellos que cumplen la doble condición de haber sido publicados 1) en España y/o ser de autoría española; y 2) en el periodo comprendido entre 1492 (expulsión de los judíos de España) y 1834 (llegada de los primeros judíos tras la abolición definitiva de la Inquisición).

Además se ha considerado oportuno incluir dos que no cumplen con ambos requisitos: una temprana edición del Scrutinium Scripturarum de Pablo de Santa María publicada en 1478, y una portuguesa del Breve discurso contra a heretica perfidia do iudaismo de Costa Mattos, obra de la que se expone una edición de su versión española. En la primera exposición de Bibliotheca Sefarad se incluyeron otros dos libros antijudíos que hubieran podido tener cabida en esta muestra: el Fortalitium fidei contra judeos, sarracenos, aliosque christiane fidei inimicos de Alonso de Espina (1485) y la primera edición de La fee triunfante en quatro autos celebrados en Mallorca… de Francisco Garau (1691), ambos expuestos en “Seis siglos de judaica: Un recorrido por Bibliotheca Sefarad”.

Para su exhibición y catalogación se han clasificado como sigue:

A. Contra la Sinagoga
Tratados, sermones y otros escritos, con planteamientos teológico-religiosos.

B. Calumnias
Obras y opúsculos monográficos sobre diversos episodios y leyendas relacionados con acusaciones de crímenes, asesinatos rituales y sacrilegios.
B.1. El asesinato de Arbués (Zaragoza, 1485)
B.2. El Niño de La Guardia, Toledo (ca. 1489)
B.3. El crucifijo agraviado de la Calle de las Infantas (Madrid, 1629)
B.4. Otras

C. Documenta
Impresos de contenido legal, y crónicas de acontecimientos.

Dentro de cada grupo se han ordenado por orden cronológico, tomando como fecha de publicación la más antigua de entre las ediciones expuestas de cada obra.

Para un mejor conocimiento de las obras expuestas, más de la mitad han sido completamente digitalizadas y son accesibles para su consulta en www.bibliothecasefarad.com.

Uriel Macías
Coordinador de la Exposición